En aquella noche corrugada  por el vino tinto
y el humo sutil de un cigarrillo de vainilla
la muerte me abrazó,
entre sus brazos el tiempo dejó de ser sinónimo de años
y mis letras arribaron en sus extrañas curvas.

Al final de la vida solo están sus ojeras,
entre aquellos inviernos
donde las palabras se ahogan en los labios
y se macera el último suspiro con hierbabuena.

¿Qué más quieres de mí?
en agosto te di mi último verso,
en otoño mis poemas con sabor a verbena,
y cada noche me acuesto junto a ti
para escuchar tus ansias necrófagas.

Regresó fugaz
y en esas sombras me volvió a tocar
entre sus brazos volví a recordar
los días no vividos y en sus ojos
aún navegan recuerdos que nunca expiran.