(…) Para mí…
que heredé la orfandad del ruido
y me quedé a respirar las voces de los que se fueron
tratando de desorientar a la muerte (…)
 Edgar Castellanos J.

Érase una voz, de un poeta que verso a verso transformó la nostalgia en románticos recuerdos que eximen los agravios de la soledad para encontrar una reconciliación entre las arrugas de la voz y la inmortalidad de la tinta.

En realidad, no bastan cincuenta y tres páginas para reconocer la gratitud, la lealtad y la ilusión de los días vividos que guarda la memoria de la voz, y hoy, se destilan en rimas de añoranza dedicadas a la vida misma para volver a sonreír en medio de regocijos y soledades.

Edgar Castellanos Jiménez en su antología ‘Érase una voz’, retrata el papel del radiodifusor como el precursor de una lucha social que es narrada en compañía de buenas amistades y maestros guías que compartían un mismo fin común: la búsqueda de una justicia reconocida a imagen y semejanza de las acciones del ser humano. Con su sonante retórica, nos recuerda que la vida está llena de matices y la poesía de contrastes. La ausencia es el impulso para que la pluma enrede suspiros y vivencias a través de los poemas.

La mejor forma de conocer a un poeta es leer entre líneas cada estrofa para atravesar la dimensión física que representan los momentos descritos y otros momentos que han emergido del olvido sin ser llamados, en los cuales, se convierten en un solo cuerpo con la pluma. Sin duda, el lector viaja en el tiempo y descifra los sentimientos de camaradería y sensaciones del escritor. El autor se despoja de quebrantos y los ensalza con su exquisita habilidad hasta convertirlos en poesía, deleitable poesía.

Edgar con su arte de ‘maíz, quinua y barro fresco’, eleva una voz de protesta por revivir los viejos tiempos en que los medios de comunicación eran la voz para desafiar los atropellos de la injusticia, una voz nómada que entregaba esperanza en vibraciones y un aliento que por las noches se convertía en la compañía fiel de quienes buscaban una identidad vítrea. La fuerza de esta voz es capaz de sacudir realidades para narrar utopías de esperanza, y en el candor del amanecer se transforma en un grito de reclamo, versos y sátiras, que promulgan el actual rol de los medios de información que se presentan con un discurso vendido y desdeñado.

Esta recopilación de poemas es parte de la historia de un poeta ambateño, contando su inicio como una voz y poesía en medio de ausencias para revocar el pasado en una liturgia literaria, el olvido se amasa en anáforas con tintes de melancolía y se mantiene la promesa latente de un reencuentro ‘radio-activo’ de jilgueros.