¿Cuántas libras de arte esconde su cuerpo?,
me pregunté cuando la vi escribir su último poema,
sus letras etéreas perdían el equilibrio
con el roce de un suspiro ahogado por la malta.

Sin duda es artista ¡Qué caos!
escribe mejor de lo que ama
y ama a medida que escribe.

No quiero convertirla en un poema más,
no quiero que nadie lea como es su sonrisa,
la descubrí en una noche de bohemia
detrás del ruido, donde nadie se atrevió a mirar.

En silencio le prometí la eternidad
consumida en una noche sin sed,
una causalidad cruzada por los deseos,
la necesidad de querer ser intermitente
para saborear la muerte en su estado natural;
dulce, ardiente y metálica.

No es carne, ni huesos
es poesía sin métrica, ni rima
no tiene alma, ni entrañas
tiene una estrella fugaz en el pecho.

Está llena de verbos inquisidores
y sujetos desesperados por sus labios,
a mansalva de figuras retóricas
se ha quedado como una estela en mi cuerpo.