Después de dos años completos dedicados a Letras Sin Bragas, fue oportuno un descanso para volver con una perspectiva diferente, pero manteniendo la esencia de este proyecto literario; un tiempo de ocio para reinventar el blog, despojarme de mis nuevos miedos y susurrar a verso sin rima mis días vividos.

En este descanso pude realizar una introspección de mi vida en todos los aspectos, volví a leer los primeros poemas y relatos que subí al sitio web hace tres años, mientras los revivía nuevamente, sentía en mi pecho como se despertaban recuerdos y sensaciones que me abrigaron la piel. Es difícil encontrar una sola palabra que describa esa emoción.

Pero confieso que se me fue de las manos ese tiempo, permití que transcurrieran más de seis meses lejos del blog, lejos de las letras, pasé esquiva al alivio emocional que me permite tener escribir. Como lo mencioné en algún momento, Letras Sin Bragas no es solo un espacio más de poesía circulando por el mundo virtual, es un espacio de creación literario que comparto con las personas que permiten que las letras los seduzcan, pero también, es una terapia concebida desde mi sensibilidad y mis experiencias.

Una noche me di cuenta de lo que estaba perdiendo al alejarme del blog, gracias a el he crecido de una manera personal, pude encontrar mi lado artístico y las oportunidades profesionales que se abrieron para mi han sido gracias a este proyecto de letras. Hoy más que nunca tengo un sentimiento infinito de gratitud hacia Letras Sin Bragas y hacia las personas que siempre han sido parte de esto; sus colaboraciones literarias, comentarios o el simple hecho de compartir los contenidos de la página siempre me han motivado a seguir con este sueño.

Hoy me siento completa de nuevo, escribir es quién soy. Letras Sin Bragas es mi fuerza y el valor que me hace falta en algunos momentos para poder expresarme y sentirme libre, es mi hogar y sus letras el abrazo que me sacude las entrañas cada vez que tomo una pluma, me permite renacer en cada despertar.