La última vez que escribí sobre ella dije: ‘solo espero volver a verla pronto’, pero en realidad no lo quería. En estos últimos 365 días he pasado escribiendo versos para tratar de entender porque el calendario es el testaferro del silencio. Mientras las personas marcan los días para ‘empezar de nuevo’, yo dejé de mirar el reloj y esperar su visita; algunos días transitaron lento, otros parecía que el alba y el caer del sol se conjugaban en un solo parpadeo.

El tiempo pasó golpeando mi ventana, al asomarme observé como un pequeño gorrión de pecho amarillento buscaba la rama perfecta en un árbol de limón para construir su hogar. Su dedicación y paciencia son admirables, es imposible no caer sumida ante la naturaleza. Por un momento dejó de hacer su trabajo y me miró fijamente, sus ojos se fueron oscureciendo hasta que emprendió un vuelo violento. Entre la fascinación y un escalofrío, comprendí (por alguna razón difícil de explicar) que estaba por llegar un nuevo 30 de agosto.

Aparenté no estar ansiosa (pero no me podía engañar) sabía que nuestra cita estaba próxima a llegar. La esperé en el mismo lugar, pero esta vez la esperé con el corazón en estado de duelo, no preparé nada, ni una carta, ni una ofrenda, ni una sonrisa cortés. Solo apagué la luz, encendí una vela y me senté en el piso de mi habitación.

Cerré mis ojos porque la nostalgia entró a abrazarme. Tres segundos después, mi dama de velo negro apareció, elegante como una luna menguante revistiendo el páramo. Se sentó a mi lado, abrí los ojos y extendió su mano, me entregó una cruz negra, un cuaderno y una pluma. Secó mi mejilla izquierda con sus dedos huesudos y se marchó.

Tenía tantas preguntas por hacerle, pero la voz se me agrietó. Me quedé abrazando sus obsequios en el suelo hasta caer en los brazos de Morfeo. Este agosto tuvo un sabor a arándanos secos, pero siempre es un placer recibir su visita, a pesar de que su presencia dejé un cristalino sentir. Estamos en una ruleta rusa, apostando sin miedo mientras escribo sobre la noche, el silencio y su belleza.