Una estrella lejana y eterna,
se interesó por la Tierra,
y buscó la manera
de llevar su luz a tan bello planeta.

Le fue imposible acortar la distancia,
la gravedad la tenía atada,
y por más que su brillo aumentara
era solo un pequeño punto en la noche estrellada.

Y así pasaron los milenios,
y la estrella imploró al padre Universo
una oportunidad de iluminar su amado planeta.
El Universo aceptó, pero impuso una condición
-deberás  ofrendar tu vida- dijo.

Una inmensa explosión iluminó el cielo,
los sabios terrestres escribirían
que aquella luz competía
con la luna en la noche
y con el sol en el día.

Autor: Adrián Carrasco