Lo primero que haré en esta carta es decirte que te amo, te amo igual que la última vez que nos vimos, el tiempo se ha pausado en tus labios, esperando el retorno de los míos, mi cuerpo no envejece esperando al tuyo, para hacerlo juntos.

Quiero saber si mis cartas te llegan, si las lees, por favor responde, que un hombre puede morir de preocupación, nunca de amor, pero si por extrañar lo que se ama.
Y te extraño tanto.

Se que la situación es preocupante, en medio de tanta cólera, del terror que se vive en las calles, gente eligiendo salir a trabajar para poder comer, salir a la calle y obtener el pan, aún con el miedo de contagiarse y morir, o no salir y morir de hambre.
Difícilmente podremos vernos, y la verdad no creo que nuestra realidad mejore, no al menos a corto tiempo.

Si por mí fuera, emprendería la marcha, hasta donde quiera que usted se encuentre, no importan que tan largo o los peligros que encuentre en el camino, mi deseo de verla crece a cada segundo y estoy al borde de la locura.

La escucho dentro de mi cabeza repitiendo mi nombre, llamando, la miro en todas partes.

Querida por favor, le pido un poco de paciencia, y sobre todo cuide su salud, necesito que usted esté a buen recaudo, pues pronto nos veremos y yo tendré tantas ganas de hacerle el amor, de escucharla reír, de caminatas nocturnas por una ciudad que duerme, mientras yo lleno sus oídos de poesía.

Por favor cuide de usted, hágalo por los dos.

Y responda está pregunta que me atormenta tanto.

No importa cuánto tiempo pase, pero ¿qué tan real es el deseo de encontrarnos?

Siempre suyo Pablo

Autor: Pablo Ponce