Y te veo ahí peregrina, de ojos soñadores cautivadores
frenesí de piruetas creativas en aguas tibias cristalinas.
Son tus esbozos brujiles hechizos palpitantes de tierno gozo
de canto prohibido de sirenas que embelesen mustios corazones.

Me rompo en el silencio de un grito frío lanzado al vacío
eco de un sueño que era tan tuyo y eran tan mío,
porque te veo en la silueta del cuarto menguante de la luna
acurrucándote en nubes ocres, tú apacible como ninguna.

Porque aún, tú estás presente en mi inconciencia,
la que espera tus abrazos y el nenúfar de tu regazo
donde era feliz siendo tu mayor confidente,
amante de tus historias aun cuando solo fueron tristes memorias.

Y en el anatema de la noche, miro al cielo buscando en oscuro velo
un murmullo en el viento que diga  “cuanto te quiero…”

 

Autor: Jean Emanuel Smith