Los libros de historia cuentan las cosas de manera distinta como si el hecho se limitase al simple capricho de un mortal, sin saber que las cosas de los dioses son mucho más complejas y sencillas a la vez. Pero muy lejanas de lo que podría siquiera estar cualquier hombre, y aun así las mentiras de hoy se cuentan como verdades, y por culpa de los mortales el amor encontró una nueva forma de existencia.

Ya hace milenios de lo ocurrido que si alguien lo mantiene en los recuerdos, dirá que solo fue un fatídico sueño, de como uno de los amores más grandes en la historia del universo encontró una nueva forma de ser.

Y es que en ese entonces el discípulo, quien aprendió los prodigios de la creación y los misterios del mismísimo universo, presenció cómo se planteaban los hilos de la misma existencia reverenciando la astucia y la sagacidad de su maestro, con cada nueva creación que él se encargaba de custodiarla y a su vez de dirigirla.

Él por decisión, más que por designio divino había sido puesto solo por debajo de su mentor y quien a la muerte de su señor, se convertiría en el padre de todo, se encontró bañado de la única gracia que significa la luz, esa extraña gracia llamada cordura, pues sus ojos habían estado demasiado expuestos a la verdad, que ya nada podía engañarlo.

Su poder había crecido a tal punto de poder incluso conocer aquello que aún no estaba por ocurrir, aquello que incluso evadía la atenta mirada de su confiado y ya anciano maestro.

Todo sucede en la ilusión del sabio al tener un sueño profético que no se le revelo completamente, puesto que el solo vio un lado de la moneda de lo que se conoce como la realidad material,  al deslumbrarse de un sueño, el anciano lleno su corazón de un sentimiento nuevo, que incluso él no conoció hasta ese instante. Decidido a dar vida a un sueño inconcluso, tomo en sus manos a lo que sería esta nueva criatura, pero solo al terminarla observó como el sueño se clarificó, tanto para él, como para su discípulo.

Dicen que el destino es inevitable y al parecer lo fue incluso para los dioses.

A pesar de las advertencias de su discípulo el anciano enceguecido de amor comenzó a poner a disposición de la nueva criatura todo lo creado, para entonces ya era demasiado tarde para asimilar la verdad, mientras que el discípulo día con día procuraba hacer entender a su maestro del grave error que estaba cometiendo, pasaron los siglos y el amor del discípulo no pudo ver más como su ser amado era destrozado por dentro mientras la nueva criatura se alimentaba desangrando la miseria de su Dios.

El dolor dicen que santifica, y es por ello que el gran maestro se consagró eternamente al servicio de su vil criatura, mientras tanto el odio del discípulo hacia la nueva criatura y su eterno amor a su Dios, lo llevo a alejarse de su amado, jurando algún día demostrarle a su maestro que está equivocado.

(Esej: Delirios de sobriedad)

***

 

Yo soy el dios del mundo, y os dejo un mensaje a todos ustedes.

Todo lo creado es para el pleno goce de ustedes, pues está aquí para que te sirváis de él,

El mundo se hizo para disfrutarlo pero miro con desdén como cada nueva generación se vuelve más estúpida.

Yo que les he regalado la libertad, los he roto las cadenas del moralismo y les he otorgado la gracia de bañarse en mi luz, que es la sabiduría y la verdad, los aborrezco.

Tienen dentro de si toda la capacidad del goce eterno, sin embargo, abusan de las herramientas que os he brindado para infringirse una embriaguez profunda, despreciando la razón, convirtiéndose en animales, desfigurando el sentido del goce.

No hay criatura más vil ni cobarde como aquella que oculta su esencia en la embriaguez, su vergüenza en un vicio y su dolor tras un anestésico, despreciando los dóndes de los dioses, se denigran a sí mismos. Indignos de mi gracia, los aborrezco por cobardes.

No hay mayor delicia que el deleite con todas las herramientas que os he brindado, y no hay mayor placer que la embriaguez de la sobriedad, que no escuda ni oculta, sino que fluye como es, solo aquel que logre este estado será digno de mí, porque está a un paso de la gloria del cielo.

(Esej: Delirios de sobriedad)

 

***

 

Desperté de un hermoso sueño y me sentí como si hubiese vuelto de un largo viaje, visitando un paraíso, tal cual como los profetas de la biblia he decidido escribir mi sueño, o visión o profecía, al final que daño puede hacer un simple escrito.

Allí estaba yo, sin saber cómo llegue a ese sitio, sin saber dónde era, sin saber nada de nada solo estaba allí, en un pasillo muy amplio, del color de la plata más brillante, que había visto hasta entonces, estaba descalzo, de hecho todos lo estábamos, lucíamos unos trajes muy cómodos, parecían batas de dormir, eran blancas nuestras vestimentas, el piso no era frio, sino un tanto tibio, agradable al tacto, no corría nada de viento, y existían unos carteles muy extraños en todo lugar.

Parecía una hermosa ciudad del futuro, todos se movía a un ritmo tan apacible, y una luz cálida tal cual la del sol a primeras horas de la mañana iluminaba todo, permitiéndome ver la grandeza del lugar.

Existían unos seres que parecían ser robots, con características muy humanas, solo se diferenciaban por no usar ropa alguna, ellos atendían muy amablemente a las personas, en la mirada de cada persona con la que me cruzaba no veía miedo o angustia, no existían preocupaciones ni sentimientos de sufrimiento. Todo era paz.

Decidí conocer mejor el lugar y por más escondrijo que buscaba no pude ver basura, o gente mendigando, drogándose o robando tal vez, nada salía mal, todo estaba bajo control a lo cual me dedique a caminar y disfrutar del paisaje.

Noté que el lugar tenía un techo que emulaba perfectamente un cielo azul verdoso del amanecer, al cual los edificios no lograban alcanzar, traté de comunicarme con algunas de las personas con las que me cruzaba, pero ninguna parecía estar en disponibilidad para entablar en una conversación, me pregunté si tal vez no reconocían mi idioma o simplemente estarán en un trance profundo.

Observé con atención a las personas tratando de descubrir su lenguaje o forma de comunicación, vi muchas familias llevando niños en brazos, con sus parejas o simplemente caminando, pero ninguna expreso una sola palabra pero al parecer todas sabían los que el otro quería decir o hacer, incluso a donde ir. Se saludaban solo con mirarse lo cual me intrigo mucho más, pues no comprendía como estos humanos tienen tal capacidad.

Mientras seguía observando pude notar muchas cosas comunes de humanos, ya que comían, bebían, inclusive licor, vi personas ebrias, gordas, flacas, de todo un poco.

Mientras seguía mi búsqueda, note que no existían tachos de basura en este sitio, pero las personas si generaban desperdicios, sobras, plásticos, botellas, vómitos, aun así nada estaban fuera de su lugar, aunque no vi que existieran animales de donde procedía la carne que consumían, además que en los alimentos existía poco o casi nada de productos verdes o vegetales de ninguna clase, y los festines eran un manjar de carne en todas sus formas.

Vi una gran fila que estaba a las afueras de un hospital, que se movía con gran ligereza, y estas personas eran atendidas en unas especies de cabinas, al adentrarme al hospital por curiosidad vi cómo se desarrollan los procedimientos, entra un hombre gordo, que en unas tomografías tiene un tumor canceroso enorme, la maquina comienza la extracción y luego de unos pocos segundos el hombre se levanta como si nada con un cuerpo escultural y su juventud recuperada, parecía cosa de magia o algo así, aunque si por decisión del hombre tenía opciones para el procedimiento quirúrgico, pues vi a otro entrar y de la increíble maquina salió una mujer despampanante, lo cual me puso a pensar en la clase de sociedad liberal que se pretende crear en el mundo, luego sin reparar en las decisiones de las personas y sus cuerpos, quise saber qué pasa con la carne y los tumores que extraen a las personas, ya que esta maquinaria que se encuentra por todo el hospital, clasifica la carne, la destaja y la termina empacando y enviando a los camiones que transportan los alimentos.

A pesar de mis esfuerzos no vi a ninguna mujer embarazada y lo visto antes me hizo dudar un poco si existían mujeres o no, pero en efecto si existían mujeres, lo pude notar en sus comportamientos pues una mujer es delicada solo hasta el borde de la cordura.

Mientras observaba a una pareja y su hijo paso algo extraño, vi como un hombre con un mal movimiento en su juego hizo caer a su hijo brutalmente al suelo, a lo que nadie tubo reacción alguna, trate de correr a ayudar al niño, pero en instantes el niño se incorporó y de acomodo los las articulaciones, sin emitir ni una molestia en el proceso. Note pues que los niños eran robots que se comportaban como niños y que eran indestructibles, ni los padres más negligentes podrían averiar uno de estos, pero como siempre hay acepciones encontré un lugar donde se podía conseguir desde ejemplares hasta repuestos, o incluso padre venían a cambiar su modelo de hijo por uno más moderno.

Al pasar por el lugar un borrachito empezó a vomitar a lo cual un robot asistió y recogió todo el producto, decidí seguirlo y note que llevo el material a una planta de procesamiento para tratar la materia del vómito y convertirla en más comida.

Me pregunté qué es lo que regía a este mundo tan sofisticado, y en mi duda logre llegar a una especie de templo, al entrar solo tenía ascensores que no subían, sino que bajaban. Al subirme note que tenía demasiados botones para contarlos así que solo oprimí uno y llegue al piso que elegí, el cual no fue nada diferente a lo que había visto. Procedí a intentarlo tres veces más, obteniendo el mismo resultado, a mi cuarto intento y al buscar más en lo profundo llegue al centro del mundo y solo pude observar por la escotilla del ascensor al señor de todo lo existente, sentado en una cámara, alimentándose de su propia carne y tumores que le extraían las maquinas que lo rodeaban y  las mismas lo preparaban, algo así como un ritual eterno, como en el mito de Prometeo. Todos lo veneraban cual si fuera el mismísimo Dios.

Salí del templo un tanto estupefacto por lo que había visto, pensando el todo lo que aquel lugar significaba o era, mi estado meditabundo me llevo hacia una ventana muy pequeña y refundida detrás de todo, casi indetectable, y pude ver a la distancia un pequeño y bello planeta lleno de verde y azul, parecía un espejismo, demasiado real para ser cierto, entonces lo entendí.

Comprendí al fin todo lo que pasaba allí y lo que era ese extraño lugar, al parecer estaba en una especie de nave espacial, en la cual la humanidad estaba completa, abandonando el planeta al cual llamábamos hogar, el cáncer y la gordura era en nuevo negocio, y el mecanismo perfecto para criar ganado mientras se alimenta a las masas con los tumores, para generar más tumores, de esta manera asegurar un circulo de producción perfecto.

Los hombres y mujeres tenían sexo sin preocuparse del sida, porque todos ya estaban infectados, los hombres se convertían en mujeres a voluntad, las mujeres en hombres, con el fin de satisfacer sus deseos. Si alguien moría se le atribuía a causas naturales mitificando la terrible enfermedad, su cuerpo era procesado como alimento para otros y la personalidad era pasada a otro cuerpo, que estuvo previamente en incubación, garantizando la vida perpetua de las personas de una sola generación, lo cual aseguraba demasiada inmadurez por parte de las personas, entonces entendí la razón de los niños robots, puesto que la inmadurez de vivir sin miedo a la muerte nos hace incapaces de criar una nueva vida, la vida de un niño, en esta sociedad todo se aprovechaba y se reutilizaba todo salía del hombre y regresaba a él en un círculo de consumismo eternamente continuo.

Era digno de reconocimiento el creador del lugar, el creador de esta nave y su forma social y de convivencia, era el más grande de lo genios, ya que también le devolvió la paz y la salud al planeta tierra, que se quedaba allá en la distancia. Solo ahí entendí que me encontraba en el planeta perfecto para la humanidad.

(Esej: Delirios de Sobriedad)

 

Autor: Esej