No dejemos que el alma se haga una sombra sin luz, sin haber conocido el resplandor de las estrellas.

Cuando suena tu voz enfrentada al mundo, me suelto de la escafandra, canto aleluya y alcanzo los sueños que volaron hasta tu cabello.

Debes saber que me escondo en tu sombra, que me tomo de tu mano, que odio las cosas artificiales cuando borran tu sonrisa, que me enfrento a los colores, al desgaste granular donde tus facciones se acumulan.

Lejos del olvido, cerca de leyendas y canciones, nuestros sentidos se confunden en el reflejo tuyo mío.

Extiendes tu sabana de letras y embistes la telaraña de niebla con los poemas que nadie escuchará. Es ahí en tu grito silencioso, donde la revolución y la patria nacen. Y mi patria, la mía, es tu pincelada de versos en mi estela de soledad.

 

Autor: Fernando Pullutasig