Se rindió tantas veces
como las que respiro
y de sus culpas, apenas, perceptibles
cuelgan los pecados cometidos,
esos que gozaron de caprichos tan vacíos
que al término de ese ensueño la
realidad fue juez de mi delirio.

¿A qué condena son dignas mis
acciones sin cordura,
si mi voluntad pone mi
razón a merced de mi locura?

Porque es tan natural el pecado…
y nosotros poco dignos,
los placeres son el cielo
y nuestras pasiones el paraíso;
son esos instantes bálsamo
para esta cruda realidad,
menos mal que existe
el insomnio que con los
ojos muy abiertos nos deja soñar.

Voy a permitirme vivir en
un desenfreno constante
anhelado con delirio terrenal,
los placeres pasajeros.

Lleno mi corazón de desdén
hacia todo sentimiento,
amando con egoísmo
solamente lo que siento;
porque ya sufrí y el
tiempo no espera a nadie,
ahora toca vivir, después…es tarde.

Autora: Ely