Eres luz donde quiera que vas, sentir que deslizas aquella puerta me llena de inmensa alegría para iniciar el día.

Conviertes mi sufrimiento en morfina que corre por mis venas al escuchar tu voz, no importa qué digas, mis oídos filtran toda frecuencia sonora para percibir aquel tono mezzosoprano que tanto disfruto.

Muchos pensarán (incluyéndome) que soy un necio, terco, bobo, no me importa. Al igual que Ícaro en su leyenda, lo volvería a hacer, volvería a quemarme una y mil veces, con tal de sentirte una vez más.

Tú existes, yo te adoro. Tan simple como eso.

 

Autor: Anónimo