No recuerdo qué me hiciste,
cuándo entre por tu camino a recodarme
que el amor llora en mi cuerpo cada vez
que tu voz se difumina en la orilla de esta playa
que me reduce a silencio.

Tengo memoria de vos cada vez
que entras cantando por mi alma,
una canción que me olvida.

Tengo memoria aturdida
en la nefasta estación
de recuerdos obsoletos.

Tengo sueños que me ahogan,
que me agarran en sus manos,
que me aprietan la garganta
con sus garras carniceras.

El adiós, el adiós baila a escondidas
una danza de caprichosos esqueletos
que susurran mis tragedias.

No se canta a escondidas
sobre las cuerdas de tiempo,
el tiempo es un soliloquio
que se mete entre las vértebras
a recorrer las comedias.

Autor: Manuel Ortiz Pullaguari