¿Recuerdas aquel escenario de montañas vírgenes?
en ese lugar encontramos un puente delineado
entre el horizonte y la ventana de una habitación.

Mientras tus versos en estado líquido recorrían mi piel,
te escribía me sabes a agua
con rocío de un pedazo de cielo,
un cielo ajeno de imperfecciones.

Las lagunas de tu piel
se quedaron grabadas en mi tacto
y el sabor de aquella cicatriz, cicatriz que reniegas
lo guardo en el trópico de mi ser.

En ese día dejamos de mentirnos con promesas,
y fuimos tiempo, espacio y pasión;
estrellas tiritando por el frío,
almas desnudas de prohibiciones,
cuerpos matizados con escarcha, y,
un nosotros en una ciudad perdida.