Aquí estoy, escuchando los versos
que dejaste escritos en mi piel;
escéptica a estrellas fugaces y
rendida ante la irrupción del silencio.

Aquí estoy, danzando al son del viento alisio
con el alma desnuda, esperando convertirme
en escarcha entre sus manos inquietas.

Aquí estoy, dibujando un horizonte disparatado
entre mi pecho y la sonrisa necia que naufraga
en el canto sordo de un gorrión.

Aquí estoy, saboreando el rocío travieso de los lirios,
antes que lo conviertas en azúcar para tu café ristretto.

Aquí estoy, entre la nada y la magia,
contando pasos ajenos para volver
a sentir el calor de mi umbral.

Aquí estoy, siendo pluma en invierno
y barro en algún lugar; sedienta de noches tibias
y cuentos con aroma a mar.