Ya no quiero escribir más,
la hoja en blanco luce más poética sin tinta,
su color resalta una ceguera anunciada,
un estado de inercia provocado
por la decadencia de musas alquiladas.

Ya no quiero escribir más,
se han robado el único carboncillo
que podía saciar mis ganas de versar un árbol aniquilado,
solo me quedan minas de colores festivos,
colores estrafalarios que pretenden seducir mi nostalgia.

Ya no quiero escribir más,
han dibujado en mis entrañas un mandala
con líneas que forman un laberinto
¿en dónde está la salida?,
solo veo un punto cardinal buscando su horizonte.

Ya no quiero escribir más,
mis letras padecen junto a rimas ajenas,
ausentes de melodías y lucidez,
descansan en el mismo lugar donde
se perdió aquel unicornio azul.

Ya no quiero escribir más
hasta que esas sombras se consuman con sus egos
para volver a estar con mi dama ultrajada, la poesía.