En pieles profanas he recitado salmos censurados
para volver a sentir el paraíso en brazos equivocados.

La caricia de mi mano en cuerpos ajenos solo despierta
la lástima de los súcubos que se acuestan a dormir
con aquellos bastardos que han vendido su corazón de poeta
por musas de belleza amañada.

Amores en fuga no resisten la ausencia del cortejo de esas pequeñas aves,
bienaventuradas del sur, que aprendieron a seducir al tiempo
con la sinfonía en picada de su aleteo.

De rodillas, busqué consuelo ante un dios indolente
que se ha mofado de mi desesperación
y de rodillas el sabor de la culpa fructosa
marchitó la memoria de mis labios sin dejar rastro de tu nombre.

Pervertidas confesiones de medianoche,
se han convertido en epítetos de cartas jamás escritas,
sin embargo, aún callo la esperanza de verte sonreír absuelto de promesas.