Colaboración XVII: El beso de la muerte y la danza de las sombras

Sorén, la dulce niña de cabellos oscuros y penetrantes ojos cafés recibía el legado familiar que sería la marca de la existencia de oscuros secretos una generación más. La sala de rituales tenía amplias paredes, se complementaba como un cuadrado perfecto en conjunto con las cortinas de color rojo y gris. La niña a la edad de seis años recibiría la instrucción de aquel arte enigmático bajo la tutela de su madre Rouse. La niña se hallaba a la expectativa del conocimiento que iba a adquirir. Desde hace dos años, momento en que se había enterado de los secretos que le serían transferidos, dedicó su tiempo a buscar información de sus ancestros, aun así, fue frustrante darse cuenta que sabían guardar secretos y más aún, que ella debería hacer lo mismo. Sus mejillas blancas y sus rasgos asiáticos con excepción de sus ojos latinos y ligeros rasgos faciales, delataban su procedencia japonesa.

La madre de Sorén se disculpó por la demora y le tendió un cuaderno con apuntes, el cuaderno tenía caligrafía amplia, delicada y detallada, traducida al español. Al ver el cuadernillo Sorén se percató del cambio en el brillo de sus ojos y percibió algo que jamás podría haber imaginado, ni en sus más dulces sueños. En la segunda página del texto gritaba una inscripción en grandes letras color vino tinto “Besos Sagrados y la Danza de la muerte”. Desde ese día Sorén tendría veinte días para memorizar las setenta y siete páginas de historia e instrucciones sobre rituales de abrazos besos y sombras, los cuales debía atesorar junto con las indicaciones y las excepciones para transmitir su secreto. Su madre le había enseñado a leer el japonés y el español desde los cuatro años, así que no era sorpresa su talento.

El 27 de septiembre de 1999 Sorén asistió a la misma habitación con un kimono oscuro, cabello lacio y el flequillo hasta unos centímetros antes que su cabello topara sus cejas, el cálido ambiente y las velas alrededor le daban pautas para el secreto más grande de su vida. Su madre empezó por mencionar un grupo de palabras y sonidos guturales mientras arrojaba los pétalos de las rosas negras que había mandado a traer de la aldea de Halfeti en el sur de Turquía. Rouse, la madre de Sorén tenía veintisiete años de edad en ese entonces, el ritual exigía que las edades o los días coincidieran en ciertos dígitos con la fecha actual…

Si quieres terminar de leer esta historia, te invito a que te descargues el libro en el siguiente enlace:
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Colaboración de Alex Arias
Ambato, Ecuador

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FB: Alexey Arias
IG: @alexeyarias

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