Solo una rosa

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Nació en un jardín abandonado, era el único rastro de vida que brotaba entre vestigios de fotografías quemadas y cenizas de cartas dedicadas para un tal F.C. En esas condiciones atípicas seguía luciendo radiante con ese color rojo escarlata vistiendo su silueta fina de porcelana.

Nadie se atrevía a entrar en esa casa vieja para admirarla completamente. Ella veía como pasaban los días de lluvia y contaba las noches de cielo raso que la cubrían de su soledad hasta llegar a convertirse en la musa de algún poeta desquiciado.

Fue arrancada de aquel lugar y se convirtió en un objeto de adorno para una mesa de rincón. La sombra albergaba sus espinas y su aroma se iba marchitando por la humedad en su alrededor. En silencio iba recordando aquellos ocasos, en los cuales, ella era la belleza materializada; tan delicada, tan natural, tan armoniosa, tan sigilosa, tan callada y pretenciosa a la vez.

En tan solo tres días, el tiempo atrofió su forma de mujer, sus curvas se marchitaron y lo que quedó de su cuerpo terminó en la basura, solo era una simple rosa para él.

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Camila Valle
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13 respuestas a “Solo una rosa

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