¿Una caja de vida eterna?

Sto Domingo

 

Más de 300 feligreses salían de aquella iglesia, algunas miradas divagaban preocupadamente, quizá buscando respuestas sobre la vida eterna o pensado que después de siete días volvieron a estar absueltos de sus pecados. Entre la religión y el alma libre, el ser humano solo busca consolarse ante la primera y reprimir su condición natural de carne curiosa y mente de artista.

La multitud iba tomando diferente forma a medida que se dispersaba por el centro de la ciudad y entre las personas, Ernesto salía con un ramo de flores marchitas y envueltas con un denario de madera. Nuestras miradas se encontraron, él volvió a la iglesia y yo crucé la calle para alcanzarlo.

Lo encontré sentado en la séptima fila de la parte derecha junto a unas puertas metálicas, mientras me acercaba a su lado, el ruido de aquel tropel de gente se desvaneció y solo quedó un cálido silencio entre nosotros, un silencio que prometía un recuerdo.

El monaguillo guardaba cautelosamente el cáliz, el copón y la patena. Y en un susurro, él me preguntó:

– ¿Sabes cuál es la diferencia entre la vida eterna y la inmortalidad?

-Una de ellas es mentira – le respondí inmediatamente.

Me miró por un segundo de manera sorprendida y sonrió. Se levantó y se dirigió hacia aquellas puertas grises de metal, las abrió y desapareció. Lo seguí por curiosidad. Al entrar, una alfombra roja descendía por unas gradas de cemento, la temperatura gélida de ese lugar inquietó mis entrañas. Ernesto me esperaba en la última grada.

El frío incesante, las paredes de estilo gótico y las luces tenues de aquella cripta me hicieron entender que no estamos solos. Me pidió que me acerque ante una lápida y me dijo:

-Tal vez tengas razón, la vida eterna es una mentira de un cuento clásico pero es una mentira reconfortante de fe y de miedo.

-¿Y la inmortalidad?- le pregunté.

-Solo deja de existir lo que se olvida- me respondió retóricamente.

Ernesto volvió a subir las gradas. Me acerqué un poco más a aquella lápida y observé una caja de cobre adornada con una cruz con mi nombre. Retrocedí lentamente hasta poder caminar hasta la puerta de salida.

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buho
Camila Valle
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2 respuestas a “¿Una caja de vida eterna?

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