Entre muros de piedra (II Parte)

Colegio Bolivar

El día, nuevamente, se presentó con una tonalidad gris, las nubes cubrieron toda la ciudad para que el frío pueda vagar por sus calles. Mientras regreso a mi casa, empecé a creer que al hablar de recuerdos, el cielo será el primer interesado en querer escucharlos.

Con el caótico tráfico, no te queda más que quedarte en estado de inercia, dejarte llevar por las diferentes sensaciones que trae consigo viajar en bus (colectivo). Simplemente me perdí entre la multitud que caminaba con prisa, y de repente, alguien se sentó junto a mí.

Era imposible olvidar esa fragancia de bosque páramo y la elegancia de su ser. Ernesto regresó entre la inconsistencia del tiempo y las pequeñas gotas de lluvia de una tarde poco amigable.

Nunca supe cómo empezar una conversación con él. Quería preguntarle sobre la niña de la Providencia pero antes de empezar a articular mis palabras, me sonrió y me dijo.

– Sin duda, en cualquier momento de la vida, las personas regresan para quedarse o para volver a alterar tus pensamientos. Y tú decides.

Me quedé pensado en estas palabras y en cuantas personas han vuelto a mi vida. Pero antes de poder responderme. Él dijo:

-La volví a ver justo en este lugar a mi niña de melena caoba. Ella no me reconoció.

Después de un corto silencio, suspiró y continuó:

-La época más importante la viví en este colegio. Un día caminaba por los pasillos, acariciando con mi mano sus muros de piedra de más de 150 años y entre ellos encontré un papel atrapado en las grietas de una de las paredes. Apenas lo toqué, sabía que esa nota estaba dedicada para mí.

Hay cosas que simplemente llegamos a saber por creer en las cosas del destino o por razones que solo uno puede entender.

-La nota solo decía, ¿eres tú? En ese instante, sonó el timbre, terminaron las clases. Salí como de costumbre y ella estaba parada en la esquina de la otra calle. Me miró y me regaló una sonrisa-. Él continuó.

Es un poco difícil de creer en esas historias de casualidad. Pero ocurren cuando menos te lo esperas.

-El “Patrón Bolívar”, entre su arquitectura ibérica y sus acabados centenarios se convirtió en el lugar, en el cual, volví a soñar despierto-. Lo mencionó sin titubear.

Esa última frase, aún vaga en mi mente “soñar despierto”. Se levantó y se quedó en la antepenúltima parada del recorrido.

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buho
Camila Valle
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3 respuestas a “Entre muros de piedra (II Parte)

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