Diario II: Entre ser e irse

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Ella repasaba en su mente cada palabra que dijo, recordaba cada momento que vivió a su lado, no podía olvidar su nombre, ni el color café de sus ojos. Su sonrisa era inolvidable, y el lunar de su mano aún estaba ahí. Sabía cuál es la dirección de su casa y sus hábitos más extraños. Él trabajaba en la noche y dormía en la mañana, y ella lo sabía. Conocía, perfectamente, quien era él, pero él no sabía de ella.

Después de 14 días, ella despertó, no sabía quién era, ni lo que pasó, solo recordaba lo que vivió por inercia entre su cuerpo y su mente. Al salir del hospital, tomó un taxi y llegó a una casa con grandes ventanales y una pequeña puerta metálica, tocó el primer timbre y espero…

Él abrió la puerta y le preguntó:

-¿Quién eres?- sin emoción.

-¿Eres tú?- respondió temerosamente.

-¿Quién eres tú?- volvió a decirlo con desdén.

Ella lo recordaba, como si todo hubiera sido real, pero los días perdidos entre su estado de coma y el mundo surrealista que creyó vivir no la dejaron ver que, aunque él exista, sus caminos jamás se cruzaron.

Sin entender lo que sucedió en ese momento, ella lo besó en la mejilla y se fue.

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Historia contada por Gabriela.  Después de tener un accidente en su vehículo.

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Camila Valle
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5 respuestas a “Diario II: Entre ser e irse

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