Un trozo de papel extraviado (I Parte)

Providencia

Faltaban cuatro minutos para que el reloj del parque marque las siete de la noche, tenía una cita con el destino, una taza de café con el pasado esperándome, o simplemente, una excusa para volverlo a ver.

La hora ambateña era una cualidad de él, llegó a la hora exacta, con su infaltable cigarrillo; amigo fiel de días caóticos y noches de bohemia, y acompañado de sus historias con sabor a melancolía y sonrisas traviesas escondidas en cada una de ellas.

La noche lucía sollozante, desértica por el frío y pávida por los truenos que se escuchaban a lo lejos. Me quedé pensando en aquella taza de café que nos esperaba en algún lugar de la ciudad. Pero, sin titubear Ernesto se sentó en la acera del parque y con su mano me invitó para acomodarme junto a él.

Con la mirada perdida se quedó mirando un edificio de estructura semi gótica; y después de un suspiro de picardía me dijo:

– ¿Sabes qué estamos mirando?

Para mí, estábamos frente a “La Providencia”, una iglesia y escuela que dentro de nuestra cultura local, es otro lugar de tradición de Ambato. Le mencioné, exactamente, lo mismo. Y en un tono dulce me contó uno de los secretos de su infancia.

-En épocas más simples, conquistar a aquella niña de melena caoba, era para el caballero más valiente del barrio. Y más aún, con dos hermanas religiosas cuidando de ella.

Las Hermanas de la Providencia llegaron desde Champion – Bélgica en el año de 1871 para iniciar su labor social con más de 50 niñas huérfanas para brindarles una vida digna y formarlas como cristianas.

-Apenas tenía 10 años y conocí el verdadero. Cerca de medio día me sentaba en este mismo lugar para verla. Era muy tímido para acércame a saludarla. Pero después de tres meses, decidí entregarle una pequeña flor violeta que encontré en el florero de mi madre y un trozo de papel, en el cual, describía en qué lugar dejé una carta para ella dentro de la escuela.

Lo escondí en la puerta de entrada de un cuarto apartado, detrás del macetero, en el cual, estaba naciendo la rosa más hermosa que había visto en mi vida. Creo que ella nunca encontró la carta o eso quiero pensar porque hasta ahora sigo esperando su respuesta.

Me quedé por un momento atrapada en esa historia y cuando regresé a la realidad, solo encontré un paraguas gris junto a mí.

buho
Camila Valle
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