Margarita para no recordar

La barra del bar estaba llena
de ceniceros sucios y copas vacías;
media botella con el mejor whisky se iba acabando
en compañía de hielos secos y penas ajenas.

Un hombre de canas platinadas citaba
lo último que le dijo su mujer antes de irse,
un chico de cabello largo filosofaba sobre la muerte de Sócrates,
una muchacha de blusa roja y con un escote amargo
solo quería perder su virginidad antes de los 20 años.
Y yo, yo en medio de ellos,
solo pedí un Margarita para no recordar.

Quería olvidar lo que pasó aquella tarde,
esos pasos ausentes que en algún momento describió Benedetti,
dejé atrás esas crónicas anunciadas que García Márquez sabía,
no quería recordar los versos más tristes de Neruda,
ni la forma del albatros de Baudelaire,
no quería traer en mi mente esa frase
que escuchas cuando cae la noche
en compañía de un pájaro negro como lo vivió Poe.

Pedí un solo Margarita,
lo bebí haciéndole el amor;  suave y en secreto.
Después de la última gota, tu recuerdo se esfumó,
se incineró como la nicotina de mi último habano.

buho
Camila Valle

 

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2 respuestas a “Margarita para no recordar

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