En San Martín

En el bosque que se oculta en cada despedida, se sentencian alegrías y memorias de amantes inocentes que solo hurgan entre la basura y contraen lo que es eterno.

Entre pétalos marchitos y viejos árboles de caoba vagan sin razón almas condenada por la negligencia del destino sollozando al son de la bruma, la luna ha callado su luz entregándose por completo al eclipse sangriento, las hojas muertas llevan en su taciturno vuelo la esperanza podrida de volver, una vez más, a la vida.

Mientras todo se consume, el cementerio obsoleto de visitas ya pasadas se transforma en la colmena de aquellos que aun suspiran ciegamente y dependen del hilo que reta al cañón de San Martín.

Las promesas escritas en bancas y las intenciones latentes sin pudor caducan con los segundos, sin encontrar la salida, ¡Malditas almas! van vendiendo a la locura enfermiza realidades, y ella solo les deja desquicio y cánticos perennes de un ocaso sin una mañana de alba.

buho
Camila Valle

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