Rosa parda

El sol brillaba como nunca y las flores del jardín dieron la bienvenida a la mañana. Todas mantenían un color vivo y hermoso, excepto una, una rosa roja con negro yacía junto a la belleza de las demás. No estaba marchita, solo resentía ser parte del jardín.

El día transcurrió despacio y cansado, el sol no cesó hasta que dieron las seis de la tarde y el cielo se tornó en un azul estrafalario. La luna; tan grande, tan llena y tan dispuesta a intimidar, tomó su lugar en el firmamento. Salí a contemplarla y me llevé una gran sorpresa. La rosa opaca lucía un color rojo intenso, un rojo vivo y fresco, como una obra de arte recién culminada y sus líneas negras le daban una lucidez de otro mundo.

La tomé y la rosa se desvaneció, solo quedó el rastro de un rocío rojo sangre y dos colmillos que envolvían en sus pétalos.

buho
Camila Valle

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