Verde Limbo

La noche sucumbió ante el llanto de los transeúntes del alba,
cada lágrima golpeaba las memorias de las palabras desnudas
que escondían gritos necrófilos,
voces adecentadas por el traje de la opresión.

El sonido palideció el cantar de las musas,
los gemidos proliferantes de cuerpos sin alma,
saturaron el cielo y el ocaso se vistió de flashes agudos,
luces traviesas que cegaban el perfil cautivante de la cordillera de los Andes.

El tiempo se detuvo a media noche,
una hora antes del café amargo,
una hora después del letargo literario,
a una hora restante del lunar de tu pecho.

En la mitad del limbo se vive con la historia sobre los hombros,
con un desquicio verde sinople y con un amanecer estancado,
con la simple esperanza de caminar sin bragas
y con un trago de ambrosía añeja durante el ocaso.

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Camila Valle

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