Flor de Loto

Él se quedó atascado en un presagio mientras el tiempo seguía corriendo. La noche no se inmutó ante su extraño sentir, pero al menos, el silencio de la oscuridad lo cobijó hasta el día siguiente. Cuando despertó, una flor marchita yacía junto a él. Muchas cosas no tenían sentido últimamente. Él siguió con su rutina diaria.

La mañana se tornó gris y él tenía un aspecto enfermizo; un color piel amarilla y unas ojeras que contaban historias de insomnio y de café amargo. La noche llegó de nuevo y conciliar el sueño le resultó fácil. Pero en su despertar, encontró junto a él, la misma flor con un pétalo blanco, leves rasgos de asombro se dibujaron en su rostro. Pero aún, nada lo sorprendía completamente.

Esa semana, en cada amanecer ocurría lo mismo, la flor iba reviviendo con un pétalo nuevo, pero él iba pereciendo; con un tono grisáceo y sin fuerza la vida se le iba de las manos. Al llegar el octavo día, la flor blanca brotaba entre cenizas y recuerdos. Nunca más supe de él, solo sé que su alma está en aquella flor porque con el pasar de los años no se ha marchitado.

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Camila Valle
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4 respuestas a “Flor de Loto

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