Sombra de Marte

Entre los sueños y la realidad, la noche caminaba ambigua en la habitación. El reloj se detuvo marcando el símbolo del infinito, y el candor de la luna solo alumbraba la esquina más recóndita del cuarto. Asustada y confusa, entre esa luz y las sombras dispersas, se fue dibujando, sutilmente, la figura de un ser frío de Marte…

De talla media alta, cabello oscuro y piel, ligeramente, abrazada por el sol. Su rostro estaba dibujado con una simetría artística, su mirada guardaba el origen de la noche; de una noche envolvente, embriagante y desafiante. En su sonrisa se formaban unas pequeñas comillas, aquellas comillas, que un día Benedetti las describió, y ahora, yo las estaba viendo tan cerca. Su cuerpo, era un templo profanado por cicatrices y huellas del pasado, en donde, recayeron cada uno de mis pecados. Y en el enigmático silencio, solo escuchaba el bombardeo de su cálido corazón, latidos que sollozaban mi nombre.

Pensando en nada y sintiendo todo, el tiempo dejó de ser relativo cuando el alba coloreó las nubes, ese tono arrebol me dejó un recuerdo inquietante en el pecho y un recuerdo gélido en la piel. Al sentir el sol entrando por la ventana, encontré un camino de pétalos marchitos desde mi cama hasta el lugar donde estuvo él y en mi cuello, el mismo símbolo que marcó el reloj cuando todo comenzó.

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Camila Valle
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